lunes, 14 de junio de 2010

...Siempre que pasaba frente al mostrador veía la curiosa botella con forma de corazón, con su silueta alargada no dejaba de llamarle la atención. Cuando tenga dinero, pensaba en ocasiones, cuando sea el momento indicado pensaba en otras...
Hasta que un buen día de verano, él la invitó a salir, entonces ella decidió que sin duda esa era la señal que estaba esperando. En su camino a casa compró el perfume. Al fin lo tenía en sus manos y podía olerlo, antes nunca pensó en cual sería su fragancia, simplemente lo veía, y sabía, que en algún momento sería suyo. Ahora que podía olerlo, más agradable sorpresa se llevaba, las pocas gotas que se dispersaron sobre su cuello y su cuerpo olían mejor de lo que cualquier montón de letras pudiera expresar sobre un papel.
Luego de aquella memorable primera cita, luego de aquella ultima y mejor primera cita, luego de aquella cita que daría comienzo a la ultima y mejor de sus relaciones de pareja, decidió sólo utilizar aquel perfume cuando se reuniera con él.


Poco a poco, los días pasaron, y en la medida que el amor aumentaba, la cantidad de perfume disminuía.

Poco a poco, una alargada botellita con forma de corazón fue siendo testigo de la evolución de dicha relación.

Poco a poco, fue impregnando los recuerdos y la vida de un par de enamorados.


Poco a poco, el verano dio paso al otoño y este se abrió al invierno.


Poco a poco, la botellita fue buscando su fondo y el amor decayendo.


Poco a poco, la primavera vio llegar un nuevo verano que a su vez marcaba el ocaso de una relación.


...Tengo que comprar otro frasco pensó, dejando el perfume vacío sobre un mueble ante el espejo, miró el reloj y calculó que sólo debían faltar minutos para que él llegara. Frente a ese mismo espejo había pensado en las palabras que le diría aquella noche, había pensado en cuales podían ser sus reacciones, ambos sabían que hace tiempo las cosas no venían bien, este era un desenlace esperado, y a su parecer, lo mejor para ambos.
Sintió apagarse el motor del auto, y unos pasos acercarse a la puerta, salió a su encuentro. Le dejó entrar e intentó actuar con compostura, cuando llegó el momento, le dijo que nada era como antes y le mintió diciendo que ya no le amaba, él le confesó que había otra persona, y así, rápidamente se acaloraron y comenzaron a discutir, pronto lo que hace un año eran susurros y abrazos, ahora eran gritos y manotazos.
A través de aquella pequeña ventana rosada, con forma de corazón, que se encontraba descansando sobre un mueble, se pudo presenciar, cómo esas manos sujetaron firmemente, cual collar de perlas nacaradas, el cuello de quien que con tanta devoción había logrado amar.
Aparte de los amantes, sólo aquella alargada botella de perfume fue testigo del inicio y fin de tan intensa relación, dicho frasco con su propia vida podía atestiguar sobre la felicidad, amor, desdicha y pasión que acompañaron a la pareja.
Algunos dirían que, sin duda, lo que súbitamente comenzó, al igual que este cuento, súbitamente habría de terminar...

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