lunes, 23 de agosto de 2010


"...Mira, es como cuando se te pierde el celular...
Imaginemos que tienes una chaqueta con diez bolsillos...
Siempre guardas el celular en uno de ellos, digamos que en el "primero"...
Imaginemos ahora que lo vas a sacar, para ver la hora, por ejemplo, para llamar o para enviar un mensaje.
Vas al bolsillo donde comúnmente lo guardas, introduces tu mano... y nada... no hay nada... quizá unas pelusas, una pequeña boleta o una servilleta arrugada, pero ningún celular.
Ahora tu piensas "¡vaya! lo debo haber dejado en otro lugar"... Pero en el fondo de tu corazón lo presientes, sabes que lo dejaste ahí la ultima vez y entonces se comienza a generar un pequeño miedo, una diminuta semillita de angustia se planta en tu corazón.
Revisas por reflejo otro bolsillo, el "segundo", y obviamente al no encontrarlo ahí, pasas al "tercero". En el "cuarto" bolsillo los brotes de la desesperación empiezan a hacer presión en las paredes de tu corazón, comienzas a acelerar la velocidad en que pasas de bolsillo a bolsillo. Pasas del "quinto" al "sexto" bolsillo y ahora la idea de la pérdida comienza a retumbar en tu mente, sólo esperas encontrarlo en el siguiente bolsillo, pero sorpresa, no encuentras nada en el "séptimo" ni en el "octavo" bolsillo. Ahora ya la tensión a subido demasiado, pasas al "noveno" bolsillo en total angustia, miedo y desesperación. Cuando finalmente llegas al "décimo" bolsillo, e introduces tu mano, mientras tu corazón palpita como un redoble de tambor... Para tu sorpresa, ahí está, no recuerdas cuándo o por qué lo dejaste ahí, pero un gran alivio recorre todo tu cuerpo, sientes como si te hubiesen quitado un gran peso de encima, ya nada queda de las angustias y miedos pasados, ahora sólo hay lugar para el regocijo del tesoro encontrado, del tesoro nunca perdido.
Pues bien, ahí está la cosa. Luego de muchas veces. Luego de muchas situaciones u ocasiones de "casi perdida", llega un día en que el celular no está en ninguno de los diez bolsillos.
Y a mi ahora me llegó ese día, finalmente he alcanzado el momento en que no queda otra opción que aceptar su pérdida... El día en que la desesperación producida por ésta, no se desvanecerá en el alivio de encontrarlo, y bueno, ya sólo me queda apelar a la gradual aceptación..."

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