sábado, 19 de marzo de 2011

"-Siempre siento que las arañas se pasean por mis brazos, cada vez que giro la cabeza para mirarlas, ya no están ahí..."

...Y ahí estaban otra vez, la seguían a donde fuera, esas malditas arañas, con sus cuerpos negros, cubiertos de pequeños pelos, con unas patas sumamente ágiles y tan delgadas que de solo verlas parecía que se romperían, siempre la seguían, con su típica sincronización hipnótica, la seguían sin importar los obstáculos, se colaban bajo su puerta, se enredaban en su melena, se ocultaban dentro de sus pantalones. Cómo escapar de ellas, muchas veces se lo preguntó, en una ocasión pensó que entrando a una tina llena de agua lograría impedir que se le acercaran, pero, incluso antes de que se terminara de llenar la tina, la primera araña ya se había lanzado en un esfuerzo suicida por alcanzarla, así sólo bastaron minutos para que se viera rodeada por los cadáveres de las pequeñas estúpidas que osaban intentar llegar a ella. Desde luego que en muchas ocasiones se preguntaba por qué, por qué a ella, por qué la seguían, pero con los años, ya nada de eso era relevante, ya sabía que no importaba si mataba a una, o a diez, siempre aparecían más para tomar sus lugares. Finalmente comenzó a aceptar su presencia, ya casi no las odiaba tanto, pero creía que nunca se acostumbraría a la matutina sensación de despertar con arañas paseando dentro de su boca, por sobre su nariz u orejas, en algunas ocasiones, para evitarlo usaba tapones, en otras, cuando estaba de mal humor, se desquitaba con ellas y las mataba con alevosía, pero la mayoría de las veces, cuando estaba tranquila, las dejaba pasear por su cara, corretear entre sus dedos...

"-Deberías cortarte el pelo"

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