jueves, 30 de junio de 2011


¡Era la primera vez que se veía tal cosa!, una protesta por la educación con infinitos manifestantes.


El primero de ellos, en un afán radical dijo:


-¡Yo quemaré el ministerio y mataré al ministro al cabo de una hora, si nadie lo ha hecho antes!


El segundo de los manifestantes, en idéntico afán exclamó:


-¡Yo lo haré al cabo de treinta minutos, si nadie lo ha hecho antes!


El tercero de los manifestantes, para no ser menos dijo:


-¡Yo lo haré, si a los quince minutos nadie lo ha hecho!


Luego el cuarto manifestante se sumó diciendo:


-¡Si a los siete minutos y treinta segundos nadie lo ha hecho, yo lo haré!


Así sucesivamente cada uno de los infinitos manifestantes fue reduciendo el tiempo a la mitad.

Al cabo de una hora, obviamente, el ministerio estaba en llamas y el ministro yacía muerto.


"¿Quién es el culpable?" rezaban los titulares de prensa.

Las investigaciones no arrojaban mayores luces sobre su identidad. Entonces llamaron a declarar a todos y cada uno de los manifestantes.

El primero dijo que cuando él se había comprometido a realizar la hazaña, se encontró con que el ministerio ya ardía y el ministro estaba muerto.

Se llamó luego al segundo manifestante, quien igualmente declaró que cuando se dirigió a los treinta minutos al ministerio, éste ya estaba en llamas y el exánime cuerpo del ministro estaba tendido en el piso.

Consecuentemente se citó al tercer manifestante, cuya defensa era casi idéntica a las anteriores.

Y así, uno por uno han ido desfilando eternamente con equivalentes declaraciones los infinitos manifestantes.


Nunca me encontrarán.

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