Siempre estaba ausente, casi perdida. Pero en ocasiones parecía despertar de sus ensoñaciones para traernos y compartir inconexos trozos de sus delirios o divagaciones.
Nunca olvidaré el día que la conocí, estábamos todos sentados tranquilamente en una banquilla, mirando las últimas luces del día ponerse tras los cerros. Si me hubieses preguntado en ese entonces, habría dicho que estaba distraído, pero ahora sé que nadie tiene derecho a ostentar ese título, por lo menos no después del tiempo que viví con ella y sus comentarios.
Ese día, sin una conversación o explicación previa me preguntó: ¿De qué color crees que es el cielo en la dimensión de las uñas cortadas que desaparecen?
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