sábado, 19 de noviembre de 2011

Las razones por las que no nos entendía eran múltiples. En una ocasión me dijo "¿Por qué ustedes los humanos celebran cuando cumplen años a partir de la fecha de su nacimiento?, entiendo la utilidad de concebir categorías etáreas para estudiar su desarrollo biológico e incluso psicológico, entiendo que prefieran pasar por alto los meses de su gestación previos al alumbramiento, puesto que sólo se estiman en nueve, pero ¿por qué celebrarlo?, es decir, aun no desarrollan la tecnología para sustentar la inmortalidad, por lo tanto cada segundo, hora o día que pasa, simplemente es un día menos para sus células en constante oxidación, y considerando que gran parte de la población de su planeta no rinde culto a la muerte, y de hecho, entierra u oculta los cadáveres de sus pares...". "Detente, detente" recuerdo que lo interrumpí. "Es cierto, celebramos estupideces, sentimos orgullo y nos identificamos con necedades, deberías acostumbrarte a ello, no trates de entenderlo, pero tal vez puedas intentar abordarlo con esta mirada, los humanos sabemos que moriremos, y precisamente por eso celebramos el paso del tiempo... Celebramos el no estar muertos". Me contestó "Pero, entonces por qué un año? deberían celebrar cada segundo, cada minuto, hora, día o mes, por qué elegir algo tan casual como los 365.25 días que le toma a la tierra completar su órbita...". Para ese momento, ya había dejado de escucharlo y mi vista vagaba por las estrellas... No valía la pena discutir, jamás nos entendería.

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