"...¡Una profecía para el Rey!
¡Engreidos puercos egocentricos!
Cuanto os gustaría ver el fin del mundo
¡Cuanto os gustaría que el mundo acabara junto con vosotros!..."
"...Mi última profecía será vuestra maldición:
¡Os condeno precisamente a lo contrario de lo que desean!
Ninguno de los que hoy aquí me escupen verá el fin del mundo
Vuestros hijos, ni los hijos de sus hijos dejarán la menor huella en esta tierra
¡Nadie los recordará!
Os maldigo, truhanes, a que cuando vosotros hayáis desaparecido,
lo demás seguirá aquí, tal como estaba antes e incluso mejor.
¡Nada terminará con vosotros!
¡El mundo os sobrevivirá!..."
Estas palabras fueron las últimas que alcanzó a gritar antes de que su cabeza rodara por el piso.
La cuantiosa multitud que luego del espectáculo se dispersó, volvió a reunirse en la plaza del reino cuando el siguiente "Adivino Real" tuvo la sensatez de dar respuesta a su Majestad, y predecir que los astros, sin duda, pondrían fin al mundo para cuando se acabaran los días de aquella década, año que coincidía con el término del siglo, hacia el 1600 de nuestro señor Jesucristo.
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