miércoles, 7 de julio de 2010


La llamada que nunca quisiste recibir...

(suena el teléfono)
-¡¿Aló?!
-Pensé que te había quedado claro... ¡No me vuelvas a llamar!, ¡no quiero saber más de ti!
(termina la llamada)

(suena el telefono nuevamente)
-¡¿Aló?!, un momento, ¡no cuelgues!
-Pero es que acaso ¿no entiendes?, ¡no me sigas llamando!, dejaré de contestarte... apagaré el teléfono...
-Espera un momento, ¿Con quién hablo?
-Pero... ¿Cómo?... ¿Con quién hablo yo?
-Oh, lo siento, resulta que hace unos minutos atropellaron a una persona... Yo le revisé los bolsillos, a ver si encontraba alguna identificación, tomé su celular...
-¡¿Qué?! ¡¿Pero cómo?!...
-...Marqué este número que era el último discado.
-¡¿Con quién hablo?!, ¡¿en donde está?!... ¡¿Está hablando en serio?!... ¡Dígame que es una broma por favor!
-Oh no, cuanto lo siento, pero hablo en serio, ¿conoce usted al dueño de este teléfono?, ¿es familiar? ¿puede contactar a alguien?
-Oh por dios...


Equis-equis

—No, no es él.
—Sí, sí es él.
—No, no es él. No es posible que esto pueda ser él.
—Mira la cicatriz de la vacuna.
—No, no es él.
—Mira la corona de la muela que le puso Miguel
hace seis meses.
—No, no es él.
—Yo pienso que sí es él. Que esta vez si es él.
—No, no es él.
Como podría ser él si no tiene ojos.
Como podría ser él si no tiene sus manos laboriosas.
Como podría ser él si le han cortado sus semillas de hombre.
Como podría ser él sin su guitarra ni su canción,
sin aquel ceño duro ante el peligro, sin aquella sonrisa en el
trabajo.
sin su voz pronunciando el pensamiento, sin su tonta manía
de regalarme flores.
Como podría ser él.
No es él. Te digo que no es él.
No quiero que sea él.

- Manuel José Leonardo Arce Leal

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