miércoles, 7 de marzo de 2012

Me gusta esa ilusoria diferencia.

Me gusta sentir que en las calles atestadas de gente, en el centro, en los horarios de la multitud, logro caminar a gran velocidad y me escabullo entre ellos, que avanzo rápidamente surcando nuestro aparente caos y que soy capaz de huir a esa escena digna de hormigas que extraviaron su camino.

Me gusta poder caminar entre los árboles y disfrutar su inmóvil baile a mi alrededor. Sé que sin importar cuánto apresure mí marcha, jamás percibiré aquella velocidad que me transmiten los caminantes del corazón de la ciudad, quienes como rápidos ríos buscando el mar, siempre fluyen en dirección opuesta a la mía.

Me gusta que los árboles se limiten a sonreír y saludar al verme pasar, ellos han entendido que siempre estás en el mejor lugar, y que ningún lugar es mejor que cualquier otro.

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