-¿Me das una galleta?- preguntó con la mayor amabilidad que su hambre le permitía.
-¡Me queda justo la última!- se excusó, al tiempo que mostraba el envase casi vacío.
-¡Ah! no hay problema.- terminó diciendo con decepción, puesto que conocía y participaba de la tradición social políticamente correcta que prohíbe tomar la última pieza de alimento de otra persona.
Luego se detuvo un segundo, por su cabeza pasó una revolucionaria idea. ¡¿Cómo era posible que se respetara y permitiera comer el último bocadillo al dueño del envase!?. Es decir, era muy alta la probabilidad de que fuera el dueño quien se hubiera comido previamente casi la totalidad de bocadillos.
Así que en lugar de excusarse y añorar aquella pieza final de alimento, en lugar de sentirla como un derecho obvio e inalienable, ¡todos quienes fueran "dueños" debían tener mayor obligación de compartir o donar aquel bocadillo final a quien fuera que se los solicitara!
Realizada esta pequeña reflexión y con toda la convicción que le había proporcionado, decidió regresar y encararle nuevamente, ahora le parecía evidente que la situación debía ser precisamente al revés.
-Exijo que me regales tu última galleta- exclamó con la autoridad que brindaba el haber descubierto un derecho natural a todo ser humano.
-Me la comí hace rato...- respondió pasando por alto la inusual selección de palabras.
Siento la responsabilidad social que cae sobre mis hombros, ser el primer bípedo que exigió comer el último bocado del envase
ResponderEliminarajhajha Totalmente! se viene ahora el relato de la sociedad seudocientífica xD
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