"...enixa est utero pulcherrima pleno (345) infantem nymphe, iam tunc qui posset amari, Narcissumque vocat. de quo consultus, an esset tempora maturae visurus longa senectae, fatidicus vates 'si se non noverit' inquit."
"...Expulsó de su útero pleno bellísima
un pequeño la ninfa, ya entonces que podría ser amado, (345)
y Narciso lo llama, del cual consultado si habría
los tiempos largos de ver de una madura senectud,
el fatídico vate: «Si a sí no se conociera», dijo."
un pequeño la ninfa, ya entonces que podría ser amado, (345)
y Narciso lo llama, del cual consultado si habría
los tiempos largos de ver de una madura senectud,
el fatídico vate: «Si a sí no se conociera», dijo."
"...hic puer et studio venandi lassus et aestu procubuit faciemque loci fontemque secutus, (415) dumque sitim sedare cupit, sitis altera crevit, dumque bibit, visae correptus imagine formae spem sine corpore amat, corpus putat esse, quod umbra est. adstupet ipse sibi vultuque inmotus eodem haeret, ut e Pario formatum marmore signum; (420) spectat humi positus geminum, sua lumina, sidus et dignos Baccho, dignos et Apolline crines inpubesque genas et eburnea colla decusque oris et in niveo mixtum candore ruborem, cunctaque miratur, quibus est mirabilis ipse: (425) se cupit inprudens et, qui probat, ipse probatur, dumque petit, petitur, pariterque accendit et ardet. inrita fallaci quotiens dedit oscula fonti, in mediis quotiens visum captantia collum bracchia mersit aquis nec se deprendit in illis! (430) quid videat, nescit; sed quod videt, uritur illo, atque oculos idem, qui decipit, incitat error. credule, quid frustra simulacra fugacia captas? quod petis, est nusquam; quod amas, avertere, perdes! ista repercussae, quam cernis, imaginis umbra est: (435) nil habet ista sui; tecum venitque manetque; tecum discedet, si tu discedere possis!
"...Aquí el muchacho, del esfuerzo de cazar cansado y del calor,
se postró, por la belleza del lugar y por el manantial llevado,
y mientras su sed sedar desea, sed otra le creció, (415)
y mientras bebe, al verla, arrebatado por la imagen de su hermosura,
una esperanza sin cuerpo ama: cuerpo cree ser lo que onda es.
Quédase suspendido él de sí mismo e, inmóvil con el rostro mismo,
queda prendido, como de pario mármol formada una estatua.
Contempla, en el suelo echado, una geminada -sus luces- estrella, (420)
y dignos de Baco, dignos también de Apolo unos cabellos,
y unas impúberas mejillas, y el marfileño cuello, y el decor
de la boca y en el níveo candor mezclado un rubor,
y todas las cosas admira por las que es admirable él.
A sí se desea, imprudente, y el que aprueba, él mismo apruébase, (425)
y mientras busca búscase, y al par enciende y arde.
Cuántas veces, inútiles, dio besos al falaz manantial.
En mitad de ellas visto, cuántas veces sus brazos que coger intentaban
su cuello sumergió en las aguas, y no se atrapó en ellas.
Qué vea no sabe, pero lo que ve, se abrasa en ello, (430)
y a sus ojos el mismo error que los engaña los incita.
Crédulo, ¿por qué en vano unas apariencias fugaces coger intentas?
Lo que buscas está en ninguna parte, lo que amas, vuélvete: lo pierdes.
Ésa que ves, de una reverberada imagen la sombra es:
nada tiene ella de sí. Contigo llega y se queda, (435)
contigo se retirará, si tú retirarte puedas."
RESUMEN:
En la presente investigación intentamos dar un paso inicial desde la psicología hacia la ontología. Partiendo de una hipótesis que considera relevante la percepción física del propio cuerpo en la construcción mental del "yo", y su estrecha relación con los procesos intersubjetivos de socialización. En términos prácticos nos dispusimos a analizar, en principio, las diferencias entre la imagen (A), reforzada casi a diario, del "reflejo" entendido como el sujeto frente a cualquier superficie especular. Y la imagen del sujeto capturada a través de la fotografía, es decir, sin el efecto de "espejo" (A'). Asumimos, según estudios anteriores, que la asimetría es una condición natural de casi la totalidad de los sujetos.
Para ello ideamos un experimento donde el individuo primero era fotografiado de frente, y a continuación se le explicaba que procederíamos a enseñarle dos fotos de sí mismo con una evidente diferencia o modificación una de otra, y sería él quien debía señalar en cual de las fotografías se reconocía a sí mismo "sin modificación". Luego de la explicación, se le presentaba su imagen fotográfica A' y su imagen reflejada A, circunstancia ante la cual un 83% de los 150 entrevistados (tabla 1) se reconoció en su imagen reflejada A, luego se les preguntó en cuál imagen consideraban que se veían "mejor", estéticamente hablando. Pregunta donde un 76% de los encuestados eligieron su imagen reflejada A, por sobre la fotografiada (tabla 2).
De esto seguimos la idea que las personas tendían a percibirse de una forma en que la mayoría de los demás no lo hacían, es decir, ejemplo: La imagen que se presenta reflejada, cada mañana cuando nos ponemos frente al espejo y nos lavamos los dientes, nos peinamos, etc. Imagen que, por lo demás, se refuerza día tras día, no solo en el baño, sino también en las vitrinas de las tiendas y cualquier otra ventana o vidrio a través del cual tratemos de mirar, podremos percibir un reflejo que generalmente no es la imagen que otro individuo posee de nosotros, ya que su costumbre no será ver nuestro reflejo en un espejo, sino que mirarnos de frente. Por tanto, aun cuando suene evidente, cualquier arreglo o detalle cosmético que el sujeto se haga frente a un espejo, solo le otorgará una conformidad potencial ante su figura reflejada, pero no tendrá mas que una hipotética aproximación a la forma real en que lo perciben los demás individuos, cuestión relevante, si consideramos que el origen mismo de los arreglos cosméticos en general es suponiendo la intersubjetividad y la presentación personal ante otros.
Ahora bien a partir de esto y buscando mayor especificidad, repetimos el experimento, pero esta vez separando por rango etario a los entrevistados y también tomando en cuenta la cantidad de tiempo que los individuos se tomaban para responder las preguntas (tablas 3 y 4 respectivamente). Situación ante la cual conseguimos un distintivo gráfico de campana, caracterizándose los rangos etarios centrales (desde los 15 a los 30 años) como los que poseían una mayor aceptación por su imagen fotografiada A', siendo entonces los entrevistados menores a 15 años y mayores a 30 años, quienes como en el experimento inicial, mantenían la elección de su imagen reflejada A. Resultado que pensamos se puede explicar parcialmente, gracias a la irrupción de redes sociales y la importancia de las fotografías digitales (desde hace casi unos diez años en nuestro país), teniendo entonces quienes entran a formar parte de aquellas redes mayor costumbre de ver sus fotografías y a la vez incluso -los más jóvenes principalmente- de fotografiar su propio reflejo. (tabla 5, resultados de encuesta inicial para participación en el experimento - cantidad de individuos según su edad y presencia en redes sociales, posesión de dispositivos de captura de imágenes digitales, etc).
A partir de lo expuesto aventuramos interrogantes sobre cómo se constituyen diversas categorías estéticas y/o psicológicas de construcción del yo, ante la disociación conceptualmente evidente, pero contraintuitiva según lo evidenciado en la investigación. Y su influencia en la intelegibilidad de dichas categorías en el individuo para sí y de él para otros, cómo se modifican al socializar y cómo se resuelven cuando se vuelve más patente dicha disociación (a mayor asimetría y menor costumbre o conciencia de ella).
Pensamos que este es un buen punto de partida para continuar en el estudio de la construcción del yo psicológico en su relación con la percepción y sus repercusiones en la constitución de conceptos y categorías intersubjetivas.


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