- ¿Y cómo se llama? -preguntó la joven enfermera.
- No lo había pensado, y no lo hemos discutido con mi esposo... -respondió la convaleciente nueva madre.
- Va a tener que decirme un nombre para ingresarlo. Aunque después lo cambien... -añadió.
- Va a tener que decirme un nombre para ingresarlo. Aunque después lo cambien... -añadió.
- Sí, pero no sé, no contábamos con que iba a nacer "amarillo" y deberíamos dejarlo en incubadora...
- No se preocupe, va a ser un par de días, solo es por precaución -dijo con voz tranquilizadora, y volvió a la carga- Pero... A ver, ¿cuál es el nombre de su esposo? -sugirió la enfermera.
- ¡No! -se apresuró la madre, sabiendo lo que venía- Se llama "Ramón", pero no es un nombre para un niño. Reprimiendo una risa, la enfermera preguntó - ¿Y su segundo nombre?
- "Alfredo"... - contestó pensativa- ...Sí, Alfredo puede ser...
- ¿Y cuál es su segundo nombre? -volvió a preguntar la enfermera, pero ahora dirigida a la madre, quien la miró recelosa.
- "Sebastián"... - respondió, y por un segundo la abrazó el recuerdo de cuánto evitaba responder esa pregunta.
- Sebastian...na? -dijo la enfermera creyendo que había oído mal.
- ...Mi hermana mayor nació muy complicada de salud, por lo que mi mamá hizo una manda a "San Sebastián" cuando se enteró de que estaba embarazada nuevamente, y prometió que si en esta ocasión su hijo nacía sano, lo llamaría en honor al santo... Así que yo me vi perjudicada... -rió- ...encuentro una estupidez cuando los padres hacen mandas y comprometen a los hijos.
- Pero y ¿Sebastián para su hijo?
- Sí, puede ser... Alfredo Sebastián Muñoz Alarcón, no suena mal.
- Sí, puede ser... Alfredo Sebastián Muñoz Alarcón, no suena mal.
- Es un bonito nombre -dijo al tiempo que tomaba el papel de registro y escribía rápidamente, llenando los datos correspondientes.
Al cabo de unos pocos días, el recién nacido Alfredo Sebastián recibió el alta médica, y la joven pareja de padres pudieron llevar a su segundo hijo a casa. Entonces ya habían aceptado en sus mentes y para los posteriores trámites legales, que su primer varón se llamaba Alfredo.
Nada hizo sospechar a estas personas por allá en mayo de 1990, que el pequeño Alfredo crecería para convivir con la masiva tecnología de los celulares.
...
-¿Contesto ahora o contesto después? ¿y si dejo que corte y la llamo yo? si contesto de inmediato va a pensar que estaba pegado al teléfono esperando a que me llamara... ¿Y qué me irá a decir?- los pensamientos se atropellaban en la mente de un Alfredo adolescente, que veía las luces y el vibrar de su celular, mostrando el nombre de la chica que le gustaba.
Finalmente se armó de valor y contestó:
-¡Hola!
...
Alfredo no sabía que las dos mujeres habían sellado años atrás con su ignorancia, despreocupación y casualidad el destino de quien para muchos sería, literalmente, el contacto número uno de su agenda electrónica. Gozando así de multitud de mensajes ilegibles, reenvios casuales de mensajes dirigidos a otros, y cómo no, las accidentales "llamadas de bolsillo", cada una de las cuales representarían dolor y decepción en el corazón del joven Alfredo. Todo el ánimo y algarabía, que tocaban su alma al escuchar su canción favorita venir del bolsillo, en ocasiones -y particularmente en esta- se veían frustrados y rápidamente convertidos en desconfianza al responder y ser victima de las temidas "llamadas de bolsillo".
- Hola! -repitió-
- (...ruido)
- Hola? no se escucha bien...
- (voces apagadas, risas lejanas)
- ...¿Hay alguien ahí?... (esperó unos segundos más y finalmente cortó la llamada... había sucedido otra vez...)
Excelente. La prosa fluye...
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